La lista de los nombres olvidados
Author:Kristin Harmel

Quince minutos después atravieso las puertas de la institución de vida asistida de Mamie, una residencia inmensa pintada de amarillo claro y llena de cuadros de flores y animales de los bosques. En el piso superior están los enfermos de demencia y las visitas tenemos que introducir un código de acceso en un panel digital que hay en la puerta.

Recorro el pasillo hacia la habitación de Mamie, que queda al final del ala oeste. Los dormitorios de los residentes son privados, como si fueran apartamentos, aunque siempre comen en el comedor y el personal tiene llaves maestras, para poder entrar a verlos y darles la medicación diaria. Mamie toma un antidepresivo, dos medicamentos para el corazón y una droga experimental para el alzheimer que no parece surtir ningún efecto. Una vez al mes me reúno con el médico del centro para que me dé un informe de su estado. En nuestro último encuentro me dijo que sus facultades mentales se habían ido deteriorando mucho a lo largo de los últimos meses.

—Lo peor del caso es —me dijo, mirándome por encima de las gafas— que tiene la lucidez suficiente para darse cuenta. Es una de las peores etapas, porque ella sabe que no tardará en perder por completo la memoria y eso, para los pacientes que se encuentran en este estado, resulta muy perturbador y penoso.

Trago saliva y toco el timbre que hay junto a su nombre: Rose McKenna. La oigo arrastrar los pies en el interior; es probable que se haya levantado del asiento reclinable con un poco de esfuerzo y que se acerque a la puerta con el bastón que usa desde que se cayó y se rompió la cadera, hace dos a?os.

Se abre la puerta y contengo las ansias de arrojarme en sus brazos para que me estreche entre ellos, como hacía cuando era peque?a. Hasta aquel momento, pensaba que venía a verla por ella, pero ahora me doy cuenta de que lo hago por mí. Lo necesito. Necesito ver a alguien que me quiera, aunque sea un amor imperfecto.

—Hola —dice Mamie y me sonríe. Tiene el cabello más canoso que la última vez que la vi y las arrugas del rostro más marcadas, pero, como siempre, lleva pintalabios color burdeos y los ojos pintados con kohl y rímel—. ?Qué sorpresa, cielo!

Habla con un dejo de acento francés que no ha llegado a perder. Está en Estados Unidos desde principios de la década de 1940, pero los rastros de aquel pasado suyo tan remoto envuelven todavía sus palabras como uno de aquellos pa?uelos franceses, ligeros como plumas, que casi siempre lleva en torno al cuello.

Me acerco para abrazarla. Cuando yo era más joven, ella era firme y fuerte. Ahora, cuando se encorva en el abrazo, siento los huesos de su columna y sus hombros afilados.

—Hola, Mamie —digo con suavidad y parpadeo para tratar de contener las lágrimas.

Clava en mí los ojos grises y nublados.

—Tendrás que perdonarme —dice—, pero a veces estoy un poco olvidadiza. ?Cuál eres tú, querida? Ya sé que debería recordarlo.

Trago saliva.

—Soy Hope, Mamie; tu nieta.

—Desde luego. —Me sonríe, pero hay niebla en sus ojos grises—. Lo sabía, pero a veces necesito que me lo recuerden. Pasa, por favor.

Entro tras ella en el apartamento iluminado por una luz tenue y me conduce hacia la ventana del salón.

—Estaba observando el atardecer, querida —dice—. Dentro de un momento, podremos ver el lucero vespertino.





Capítulo 3


Cupcakes de vainilla de la Estrella Polar CUPCAKES

INGREDIENTES

1 taza de mantequilla sin sal a temperatura ambiente 1 ? taza de azúcar granulado

4 huevos grandes

1 cucharadita de extracto de vainilla puro

3 tazas de harina

3 cucharaditas de levadura química

? cucharadita de sal

? taza de leche

PREPARACIóN

Precalentar el horno a 180 grados. Forrar con cápsulas de papel 24 moldes para magdalenas.

En un bol grande, batir la mantequilla y el azúcar con la batidora eléctrica hasta obtener una mezcla ligera y esponjosa; a continuación, a?adir los huevos de uno en uno. Incorporar el extracto de vainilla y mezclar bien.

Tamizar la harina con la levadura química y la sal y a?adir a la mezcla con mantequilla, más o menos una taza por vez, alternando con la leche.

Rellenar los moldes para magdalenas más o menos hasta la mitad. Hornear entre 15 y 20 minutos o hasta que, al insertar en la parte superior del cupcake un cuchillo, este salga limpio. Dejar enfriar 10 minutos en la bandeja del horno y después pasar a una rejilla hasta que se enfríen por completo.

Esperar hasta que se hayan enfriado del todo y entonces cubrir con el ba?o rosa (véase la receta a continuación).



BA?O ROSA

INGREDIENTES

1 taza de mantequilla sin sal, ligeramente blanda 4 tazas de azúcar glas

? cucharadita de extracto de vainilla

1 cucharadita de leche

de 1 a 3 gotas de colorante alimenticio rojo

PREPARACIóN

Batir la mantequilla en un bol mediano con la batidora eléctrica hasta que quede ligera y esponjosa.

A?adir poco a poco el azúcar y batir hasta que quede bien mezclado.

Agregar la vainilla y la leche y seguir batiendo hasta que se mezclen bien.

Agregar una gota de colorante alimenticio rojo y batir bien hasta incorporar. Para conseguir un ba?o con un rosado más intenso, a?adir una o dos gotas más; después de echar cada gota, batir hasta que quede homogéneo. Extender sobre los cupcakes, según la receta anterior.



Rose